Escribir una carta
Elija la familia y después el modelo. El taller hace las preguntas, monta la carta y la maqueta para el papel. Nada de lo que usted escriba sale de este aparato.
Todo ocurre en esta página, en su aparato. Sus respuestas no se envían a ningún servidor, ni mientras escribe, ni en el momento en que la carta aparece: no hay nadie a quien enviarlas, porque este sitio no es más que un conjunto de archivos.
No hace falta que nos crea. Abra las herramientas de desarrollo de su navegador, pestaña Red, rellene un modelo y mire: la lista de peticiones está completa, y ninguna contiene su texto. El taller guarda lo necesario para retomar una carta empezada en la memoria local de este navegador, en este aparato, y debajo de la carta hay un botón para borrarlo.
El taller
Cinco pasos, y después la carta. Puede volver atrás en cualquier momento, no se pierde nada.
La carta aparecerá aquí, una vez pasadas las preguntas. Nada se envía a ninguna parte.
El método
Lo que hace el taller, para quien quiera hacerlo sin él
Una carta que surte efecto se sostiene en siete gestos, y son los mismos en todos los países. El taller no hace más que encadenarlos en el orden correcto.
01
Identificar al destinatario
El servicio que tomó la decisión, no la sede del organismo. Una carta bien escrita al servicio equivocado espera su traslado, y a veces ese traslado no llega.
02
Fechar los hechos
Cada hecho con su fecha, en orden. Es lo que convierte un desacuerdo en un expediente, y una fecha se verifica donde una impresión se discute.
03
Decir qué se pide
Una petición por carta, formulada para poder ejecutarse tal cual. «Haga lo necesario» no se ejecuta; «devuélvame tal importe en tal cuenta» se ejecuta.
04
Fijar un plazo
Una fecha, no una duración. Tiene que ser razonable, y tiene que estar escrita: es ella la que permite decir, más adelante, que el silencio ha durado.
05
Guardar la prueba
Una copia de la carta tal como salió, y una prueba de presentación. Sin ellas, el trámite existe en su recuerdo y en ningún otro sitio.
Eso es todo. El taller hace las preguntas en ese orden, elige los párrafos que corresponden a sus respuestas y maqueta la carta para el papel: bloque del remitente, bloque del destinatario, lugar y fecha, asunto, cuerpo, despedida, firma, documentos adjuntos. Ninguna de estas convenciones es un capricho: son ellas las que hacen que un servicio que recibe trescientas cartas al día lea la suya.
Estos gestos tienen sus páginas, con lo que hay que saber antes de aplicarlos.
El taller da una forma, unas palabras y unas referencias públicas. No dice qué hay que hacer con un asunto concreto, no dice quién tiene razón, y no promete ningún resultado. Para una situación que ponga en juego cantidades importantes o un plazo de recurso corto, la opinión de un profesional sigue siendo irremplazable.